Innocenzo Manzetti
El inventor de Aosta y la historia olvidada del teléfono
Innocenzo Manzetti nació en Aosta el 17 de marzo de 1826.
Desde muy joven mostró un especial interés por la mecánica y la física. Tras obtener el título de agrimensor, compaginó durante toda su vida su actividad profesional con sus investigaciones e inventos.
En 1840, cuando todavía era adolescente, construyó un autómata capaz de tocar la flauta, al que también intentó dotar de la capacidad de reproducir la voz humana. En el otoño de 1849, el capitán Laurent Pléod, al pasar bajo las ventanas de su vivienda, escuchó unos sonidos que se parecían a la voz humana, aunque no eran exactamente iguales. Invitado a subir, descubrió el autómata flautista y relató el episodio en un almanaque publicado en diciembre de aquel año. En 1884, un periódico recordó también la existencia de un escrito de Manzetti, fechado en 1849 y hoy desaparecido, relativo a la transmisión de sonidos mediante la electricidad.
En los años siguientes, Manzetti patentó una máquina para elaborar pasta alimenticia en casa y diseñó instrumentos mecánicos, bombas hidráulicas, edificios y obras públicas. En 1864 construyó también un vehículo de carretera accionado por vapor y otros combustibles, capaz de circular de forma autónoma por las calles de Aosta.
El 29 de junio de 1865, el periódico «L'Indépendant» anunció que Manzetti había construido un aparato capaz de transmitir la voz humana a distancia a través de un hilo eléctrico. Era el «telégrafo vocal», al que la prensa ya llamaba teléfono pocos meses después. La noticia se difundió por los periódicos italianos y extranjeros, hasta llegar también a Estados Unidos.
En Nueva York, Antonio Meucci conoció el invento a través de «L'Eco d'Italia» y escribió al periódico reivindicando haber concebido un sistema semejante muchos años antes. Sin embargo, reconoció: «No puedo negar al señor Manzetti su invento», e incluso propuso unir sus respectivas ideas.
Meucci afirmó haber realizado experimentos telefónicos desde 1849, pero la mayoría de los testimonios sobre aquellas primeras experiencias aparecieron muchos años después y presentan diversas contradicciones. En 1865 describió un sistema que utilizaba una lámina metálica sostenida entre los dientes, en el marco de sus experimentos de electroterapia. El 12 de diciembre de 1871 fundó con varios socios la «Telettrofono Company», cuyo acuerdo contemplaba nuevos experimentos para desarrollar el invento. Dieciséis días después presentó un caveat, una declaración preliminar relativa a su «Sound Telegraph», en la que la lámina seguía figurando. El documento fue renovado durante los dos años siguientes, sin llegar a convertirse en una patente telefónica.
Alexander Graham Bell, por su parte, presentó su solicitud de patente el 14 de febrero de 1876 y obtuvo su concesión el 7 de marzo. Posteriormente contribuyó al desarrollo y la comercialización del teléfono, que comenzó a difundirse rápidamente.
Manzetti murió en Aosta el 15 de marzo de 1877, dos días antes de cumplir cincuenta y un años, sin haber patentado su aparato telefónico. Sin embargo, su muerte no puso fin a la historia.
El 4 de noviembre de 1879, Bell escribió al naturalista Samuel Hubbard Scudder para pedirle que localizara siete periódicos de 1865 y 1866 que habían informado sobre el invento telefónico de Manzetti. Noventa y cuatro días después, el 7 de febrero de 1880, Horace Hamline Eldred, empresario estadounidense inicialmente vinculado al entorno de Bell, se encontraba en Aosta para adquirir los derechos sobre los inventos telefónicos y telegráficos de Manzetti, en una operación en la que también intervino Max Meyer. Se adquirieron un prototipo del teléfono y varios manuscritos del inventor.
El asunto adquirió tintes de espionaje industrial. Eldred regresó a Estados Unidos y, ya en abril de 1880, firmó con George Freeland Durant una especificación técnica relativa a un sistema de comunicación telefónica, seguida de otras solicitudes de patente.
¿Se había inspirado en los proyectos de Manzetti? La documentación conocida hasta ahora no permite establecerlo plenamente.
Eldred continuó trabajando en el sector telefónico estadounidense y europeo.
En 1885, August Mathias Tanner, agente de patentes en Washington, también intentó recopilar testimonios sobre los experimentos del inventor del Valle de Aosta, cuyo nombre seguía circulando entre quienes participaban en las controversias sobre los orígenes del teléfono.
El recuerdo de Manzetti permaneció vivo principalmente en Aosta, mientras que la historia internacional de la telefonía se centraba progresivamente en Meucci y Bell.
Las investigaciones realizadas durante las últimas décadas han permitido recuperar periódicos, cartas y documentos que hoy hacen posible reconocer la precedencia documental de Manzetti en la transmisión eléctrica de la palabra, con testimonios públicos que se remontan a 1865, seis años antes del caveat de Meucci y once antes de la patente de Bell.
Dos siglos después de su nacimiento, su figura también se recuerda en el Museo Manzetti, situado en el Centro Saint-Bénin de Aosta, mientras las investigaciones siguen revelando nuevos capítulos de una historia que atravesó el Atlántico.